El amor es una sensación completamente maravillosa. Desde el momento en el que descubres que existe una persona con la que quieres hablar a cada momento (da igual el tema, de repente el tiempo es un tema interesante si lo hablas con quien quieres), desde que te ves sonriendo a la nada recordando una situación nada especial que significa mucho simplemente porque la compartías con ese alguien.
Te empiezas a sentir parte de algo, algo de lo que eres mitad y entero y de lo cual otra persona es, a su vez, mitad y entero. Hay alguien que pasa a sustentar tus estados de ánimo y tus planes, ideas, incluso sueños tienen nuevo protagonista.
La soledad es una de las peores sensaciones que existe y para la que el hombre no acabará de estar perfectamente preparado, por eso buscamos una estabilidad. Un brazo que buscar si por la noche tenemos una pesadilla y una voz que nos tranquilice en nuestro peor momento.
La soledad es una de las peores sensaciones que existe y para la que el hombre no acabará de estar perfectamente preparado, por eso buscamos una estabilidad. Un brazo que buscar si por la noche tenemos una pesadilla y una voz que nos tranquilice en nuestro peor momento.
Buscamos salir de la soledad desde que nos empezamos a encontrar en ella, si perdemos un amigo odiamos no tener un compañero de aventuras y si perdemos un familiar notamos el espacio tan invulnerable que puede ser la familia, destruido.
Cualquier cosa que nos aleje de estabilidad, seguridad y confort proporcionados por esa sensación que nos produce el tener a alguien ahí nos empuja más a encontrar a nuestra siguiente persona en quien volcarnos.
Cuando nos enamoramos por primera vez y sentimos en alguien ajeno a nuestros esa seguridad nos embarga el bienestar.
Cuando nos enamoramos por primera vez y sentimos en alguien ajeno a nuestros esa seguridad nos embarga el bienestar.
Esa persona se convierte en centro y razón de nuestras acciones y nosotros pensamos convertirnos lo propio para su vida.
¿Qué ocurre si eso se acaba, si de alguna manera nos damos cuenta de que esa persona no es para siempre o que a lo mejor somos nosotros mismos los que queremos otra cosa? ¿Cuán fácil es salir de esa rutina que ha marcado nuestra vida durante una época? Se hace difícil.
Ya no tienes esa mirada de amor tus los ojos hacia quien hasta hace buscabas a todas horas. Notas como tu espacio se hace cada vez más grande... Y es que en definitiva, es quien antes te hacía falta quien te ha dejado de evocar una sonrisa porque sí.
Es lo que yo creo que es el desamor del corazón. Cuando no sabes qué pero notas que algo no va bien, no te sientes igual, las mismas tonterías que antes no suponían ningún mal, últimamente son problemas insalvables.
Es lo que yo creo que es el desamor del corazón. Cuando no sabes qué pero notas que algo no va bien, no te sientes igual, las mismas tonterías que antes no suponían ningún mal, últimamente son problemas insalvables.
Pones distancia poco a poco y puede que hasta inconscientemente, pero simplemente cuando quieres contar algo... ya no lo haces.
Es el corazón, sin entenderlo el que ha dicho basta y es tu conciencia la que fuerza lo único imposible de forzar, que son los sentimientos. Tu rutina y tus costumbres diarias te obligan y hacen que te obligues a volver cada vez a la misma relación de la cual tú y tus sentimientos habéis dejado de formar parte desde hace mucho tiempo.
Pensar una cosa, sentir otra y hacer un término medio que no satisface nada. Esa insatisfacción que hasta hace aparecer rabia a veces. Te sientes sin posibilidad de escapar y la única persona con culpa eres tú y la dificultad de enfrentarte de nuevo a esa soledad que hay entre dos etapas.
Pensar una cosa, sentir otra y hacer un término medio que no satisface nada. Esa insatisfacción que hasta hace aparecer rabia a veces. Te sientes sin posibilidad de escapar y la única persona con culpa eres tú y la dificultad de enfrentarte de nuevo a esa soledad que hay entre dos etapas.