Cuando la luna nos espió

Llegamos tarde a casa, con un ligero estado de ebriedad los sentidos un poco confundidos, no tan confiables como de costumbre. Entrábamos a tu habitación, no podía dejar de mirarte y acariciar tu cuerpo, con fuerza sujetaste mi camisa y me abalancé sobre ti, el ambiente se tornaba rojo pasión, un aroma a amor se respiraba en el ambiente.
Mis manos acariciaban tu cabello, tu bello rostro y lentamente se fueron deslizando, recorriendo tus senos, dos pequeños volcanes a punto de estallar... un toque de lascivia en cada beso, agitaba la situación.
Pude escuchar tu respiración más pausada, más agitada, un par de sonidos emanados de tu boca... mis manos en tu cintura.
Levanté tu blusa con toda la tranquilidad de la noche, la luna que brillaba en lo alto rozaba tu figura y al fondo una melodía para acompañar el ambiente. No te quedaste atrás, un poco más tosca tomaste mi camisa, casi arrancando los botones de ella. Con fuerza, tomabas mi cabello acercándome a tu cuello y más abajo… Cada vez más abajo…
Era inminente lo que estaba ocurriendo, el calor de nuestros cuerpos... Levantaste tu mano para apagar la luz y dejar algo a la imaginación para aquella velada.
Sin titubeos, con fuerza tomé tu cintura, presionándola contra mi cuerpo, tus manos tomaron las mías y como guías de un explorador, me llevaron hasta tu entre-pierna... un mar de emociones.
Te despojé de la ropa que aun tenías puesta, hiciste lo mismo con la mía. La oscuridad de la noche fungía como cómplice y sólo la luz de la luna trataba de espiar lo que nuestros ojos no podían ver. Desnuda y precisamente frente a mí, sólo tu silueta alcanzaba a deslumbrar en la habitación, para qué describir lo que ocurrió después...
Si ese día hubieran preguntado cómo era el amor en su forma material, era esa la perfecta definición, la expresión del cuerpo y los sentimientos en conjunción uno con el otro. Fuimos uno mismo. No podía pensar en otra cosa que no fueras tú, me encontraba dentro de ti...
En tus pensamientos, no se podía concebir la idea de algo más. Hermoso momento. Los segundos, poco a poco se transformaron en minutos y los minutos en horas. Girábamos sobre la cama, la habitación un desastre... tus mejillas sonrojadas. Un calor invadía todo el ambiente, la odisea llegaba casi a su fin, pues la luna cansada de espiar, decidía marcharse y abrirle paso al sol del nuevo día.
Caíste profundamente dormida, después de todo. Entrelazada con algunas sabanas, tu perfecta figura relucía entre el desorden, aquella imagen tan bella... me recosté a un lado tuyo para conciliar el preciado sueño, no supe en que momento caí en los brazos de Morfeo.
Recuerdo sólo no dejar de verte y acariciar tus mejillas. De pronto, un estrepitoso sonido cubrió todo el lugar. Con un gran sobresalto desperté.
La habitación perfectamente recogida, como si nadie hubiese estado ahí… Apenas comenzaba a salir el sol.
Te busqué al lado mío pero tú ya no estabas. Extrañado por la situación, me postré reflexionando a la orilla de la cama.
Pude concluir que lo vivido era un sueño, un sueño tal vez... Me dispuse de nuevo a dormir y me digné a conciliar el sueño una vez más, porque los sueños pueden hacerse realidad...