La confianza es una poderosa energía. Se apoya en la firme esperanza y proporciona seguridad, optimismo, bienestar y alegría.
La confianza nos hace más fuertes, más libres y también mejores.
Por el contrario, el recelo lleva al temor, al malestar, a la insatisfacción. La duda, y la inquietud. Nos reprime, no nos deja actuar, dificulta que tomemos iniciativas, nos paraliza, sufrimos.
La confianza implica reciprocidad.
Vamos depositando nuestra confianza en el otro al comprobar que no somos defraudados y, al mismo tiempo, porque experimentamos que también somos objeto de confianza. Esperamos, porque estamos convencidos de que vamos a recibir. Damos, porque a nosotros nos han dado.
Cuando somos dignos de que confíen en nosotros estamos dejando saber que somos personas formales y de un carácter sólido.
Si todos hiciéramos lo posible porque nuestros mas cercanos seres queridos confíen en nosotros, creo viviríamos mucho más satisfacciones en esta vida.
Las decepciones se sufren de las personas que queremos y en las cuales confiamos, por eso es el dolor y se siente como si te clavaran un cuchillo en el pecho.
Por eso si tienen la confianza de decirte algo, de consultarte algo o simplemente de hablar algo contigo es muestra de que eres digno de que te lo digan a ti, trata de no decirlo ni de comentarlo con nadie porque de inmediato eso se llama traición.
Lo mismo pasa cuando comienzas una relación, está basada en la confianza, fidelidad y amor, no se debe manejar con dudas ni secretos porque así nunca funcionaría, ni tendría mucho tiempo de vida.
Recuerda que la confianza se gana con cientos de actos y se pierde con uno.