Hoy parece un día como tantos otros, nada de especial… La misma rutina, el mismo dilema, la misma costumbre… Pero no, por alguna razón no es igual. Hoy en el camino de la casa al trabajo… El mismo camino que siempre tomo todos los días sin falta, las mismas luces rojas que me detienen a observar a las personas, los mismos carros, la misma gente tonta atrás del volante...
En ese camino me he dado cuenta de algo maravilloso: ¡de mí!
He pasado día y noche mortificando mi corazón, mi cabeza, mi alma, pensando por qué es que este hombre -al que le entregué tantos años de mi vida, mi dedicación, mi alma, mi juventud, mis sueños, mis miedos y mis más profundos pensamientos- puede cambiarme tan rápido por otra mujer ¡que no le ha ofrecido ni la cuarta parte de lo que le ofrecí yo!
Por qué este hombre, al que miraba junto a mí hasta los últimos años de mi vida, ¿por qué está tratando a esta mujer como a una princesa? ¿Qué ha hecho ella para merecer tanta atención? ¿Por qué este hombre nunca hizo para mí, “su esposa”, todas las cosas que está haciendo para ella?
¡Estoy celosa! Ella es digna de disfrutar idas al cine, al café, a restaurantes, a lugares de diversión, de compras. A ella la lleva al hotel, a ella le dedica tiempo.
¿Por qué trata a esta mujer como una princesa? ¿Qué le ha dado? ¿Qué le ha ofrecido? ¿Por qué es ella tan dichosa de ser besada con pasión, de ser tocada con amor, de ser la que ocupa mi lugar en esas noches de sexo? ¿Qué ha hecho ella para escuchar su voz todos los días? ¿Para ser la que recibe esos textos de amor por la mañana, la que disfruta de sus conversiones y chistes? ¿Por qué ella?
¿Cómo es que ella se ha convertido en esa princesa?
Tengo una confesión…Tras sentirme traicionada por este hombre, llegué a pensar: “le tengo que hacer pagar con la misma moneda”. Mi mejor venganza será hacerle lo mismo que él me está haciendo a mí... No sería algo difícil, pues siempre ha habido hombres con los cuales he podido tener algo más que una amistad. Y por mi Dios que estuve tan cerca de hacerlo, de entregarme a otro hombre por venganza, por despecho, por coraje, ¡por tonta!
Yo no creo en las casualidades.
¡Yo creo que todo pasa en esta vida por alguna razón! Y en está ocasión, por una razón u otra, las cosas no sucedieron. Yo no pude ser capaz de entregarme a este nuevo hombre nada más por que sí... Yo no soy ese tipo de mujer, simplemente no está en mi naturaleza.
¡Mi descubrimiento!...
Como dije en un principio, hoy me he dado cuenta de algo realmente maravilloso. Yo sé por qué este hombre trata a esta mujer como una princesa. Por qué este hombre no hizo para mí todo lo que está haciendo para ella.
¿Por qué se me hizo tan difícil entregar mi cuerpo a otro hombre? Yo sé por qué. Simplemente porque yo no soy una princesa, ¡yo soy una reina! Porque para una reina no es importante que la lleven de compras, o al cine, o al café, o mucho menos a cualquier hotel.
Simplemente porque a una reina se le trata diferente, se le cuida, se la ama con el alma, se la apoya a cumplir sus sueños y metas, se la ayuda a superar sus fracasos y derrotas. Se la escucha cuando necesita hablar, se le da el 100% en todo para sacar a su persona y familia adelante. A esta reina se le protege cuando ella es más vulnerable. Esta reina no es conformista, esaá reina no puede ser ganada como cualquier princesa. Una reina es mucho más inteligente que eso.
Entiendo por qué este hombre tuvo la necesidad de cambiar de reina a princesa. Simplemente porque este hombre no era capaz de ofrecer todo lo que una reina espera a cambio para ella y su familia. Porque este hombre era débil, incapaz, conformista, cobarde, celoso, posesivo, con poca fuerza de voluntad y sencillamente esto no es aceptable para una reina y su familia.
Siempre se ha dicho: un hombre es valorado por lo que hace, no por lo que dice. Como se ha visto en la historia, todo rey tiene que hacer y demostrar a su reinado que él es el mejor candidato para protegerlos y simplemente diciendo nadie le va a creer… Este es una de las características de este hombre, pues por tantos años se escuchó mucho su voz, pero no se vieron las acciones...
¡Irónico!
Y es entendido que este hombre no pudo ser capaz de llenar las expectativas de está reina y su familia, que llegó al punto del colapso. Este hombre por muchos años aparentó ser un rey, cuando todo este tiempo sólo era un simple caballo… (como en el ajedrez) y no me tomen a mal, ¡el caballo tiene ese gran poder de ser la única pieza en el juego que puede destruir a la reina! Debido a que la reina es la más valiosa aparte del rey, es casi siempre desventajoso deshacerse de ella. Una reina no se entrega a cualquier hombre, pues ella es un premio, y no todos los hombres son afortunados de ganarlo.
No cualquier hombre tiene el privilegio de besarla, de tocarla, de ser parte de su vida. Y en lo más mínimo una reina se va a rebajar a ser llevada a un hotel o que le hagan el amor en la parte trasera de un auto. Por eso hoy no me siento triste, no me siento rechazada, no me duele el corazón, ¡mi mente y mi alma tienen paz!
Pues en ese diminuto segundo despertó esa gran reina que todo el tiempo estuvo en mí. Pues me he dado cuenta que este hombre (al cual llamaba “mi rey”) sí me ha cambiado por otra mujer, pero no por una mejor que yo, sino por algo de menos valor.
¡Y eso pone una sonrisa en mi cara! Yo soy una reina, ¡yo soy un premio!