Trasplante de amor

Jamás di mi corazón a nadie nada más porque sí. Siempre quise sentir algo más y nunca lo había sentido. Sabía lo que era querer, sabía lo que era confiar y sabía lo que era desear y me gustaba más controlar.

Cuando me encontraste, rehusé todos los días a sentir algo por ti y seguir como estaba, pero tú me diste "esperanza". La esperanza de amar sin medida.

Cada día me arrebatabas un poco de mi corazón (solo con ser tú). Al juntar lo suficiente, dos veces por semana lo torturabas porque no te interesaba quedártelo sino presumirlo con otra mujer.

Dejé de darte pedazos de mi corazón y me di cuenta de que lo único que debía hacer era aguantar porque ya había tocado tu alma que solo pedía sollozante ser amada fielmente por el resto de su vida.

Con el tiempo aprendiste a valorar lo que tenías en tus manos. Sanaste y reparaste algunas heridas de mi corazón que no te correspondían.

Día a día, cada amanecer la perseverancia y el amor se encuentran en las puertas de mi alma para entregarte en manos mi corazón.

Es así como por primera vez he tolerado, he cuidado, he sanado y he amado con todo mi ser.

Cada pareja tiene su historia de amor, pero también su historia oculta tras ella. Es por eso que escribo la mía.

Un Beso a mi futuro esposo, que ha contado cada lagrima que ha brotado por mis ojos y que las ha recompensado con el triple de sonrisas.