Centro de la tormenta

No podía volver a construirlo sin tener temor. Qué grande es la puerta del cariño, y que pequeño es el escalón de la elegancia, ahogada en su sencillez. Será verdad que amor no llega de primeros manos.
Llenas de heridas, cicatrices, daños. Sentirte esposada cuando lo único que aprieta es la vida. Sentir celos de la persona que vez en el espejo porque por dentro no está tan bien pintada. Tanta crisis en el corazón y tanta nostalgia en los ojos. No los llenaré con esto, pero si lo sentiréis con la misma profundidad que mis manos han puesto estas palabras tan frías, tan perdidas.
Esto son mentes que han decidido hablar, digo mentes porque todavía no he encontrado mi verdadero yo. Sigo buscándome, entre tantas piezas rotas.
Sed de ti, sed de mí, sed de ser. Sed de la luna llena que ya no sale desde que no te siente cerca. Tu ausencia despierta hasta los más dormidos. Acostumbrarme a tus pies fríos, ahora, al hueco que no le llena nadie. Contando tus lunares nunca se hacía de día. Los dedos esperando el tacto de tu piel, esperando tu plan B cuando todo estalle. ¿Quién dijo tengo miedo habiendo hospitales? Tener el ser en números rojos, no aprieta tanto si el reloj se para.