Entre un sol y una flor

Son las 15:56... Y todo comenzó con un beso y un...
- Hola
-Hola... ¿todo bien?- me preguntó.
-Si... Quizás- contesté casi sin modular.
-¿Qué te pasa? ¿estás bien?- siempre las mismas preguntas, esas preguntas que parecen ayudar, que se hacen de buena fe, pero que a veces son mejor callarlas para no revivir lágrimas...
-Nada... Tonterias mías... Nada importante- típica respuesta cuando uno quiere probar cuanto le interesa a la otra persona, quizás no lo hacemos adrede, quizás sea nuestro propio subconsciente el que hace esa jugada tan tonta y ridícula. Esas palabras nos dejaron suspendidos y en silencio. Después de un rato, entre un vaivén de miradas y palabras silenciadas, se recostó por mi hombro y acaricio mi rostro suavemente, era algo tan extraño, una dulzura a la que todavía no me podía acostumbrar. Todavía no entendía lo que sucedía cuando interrumpió mis pensamientos con su voz.
-Te extrañé mucho... Hace rato que tenía ganas de verte...- dijo, mientras volteaba su rostro para mirarme fijo a los ojos, quizás sea que buscaba un poquito de corazón, o una muestra de alma, quizás una pizca de afecto. Ya no me podía esconder de su mirada, esa mirada dulce que me quemaba, que me cortaba - Yo también te extrañé amor...- contesé para complacerla, es que para mi pesar, todavía no olvidaba mi anterior historia, esa que extrañamente había marcado en mí el primer amor.

Todo volvió a quedar en silencio de nuevo. Ella recostada sobre mi hombro izquierdo tomo mi mano derecha entrelazando sus dedos entre mis dedos, yo decidí abrazarla, cruzando mi brazo por detrás de su espalda mientras besaba su frente. El tiempo comenzaba a transcurrir, tal vez era yo... pero por alguna razón transcurría lento. Comencé a observar el paisaje. No había muchas personas, para ser sincera casi ni un alma en la calle, el cielo comenzaba a cambiar su color, y una leve y fresca brisa mecía la copa de los árboles, las aves eran las únicas libres del espacio y del tiempo, los perros ladraban a cada auto que veían pasar.

El silencio se volvía un niño inquieto, no sabía que estaba haciendo, sólo me quedaba mirando, mirando la nada, cuando de repente cruzo sus brazos alrededor de mi cuello y se sentó en mi falda - No podía esperar más para verte... La semana se hizo muy larga, en verdad te extrañé mucho corazón...- dijo, mientras me abrazaba con fuerza, no tenía ni la menor intención de soltarme, ahora reposaba su cabeza entre mi hombro y mi cuello. Yo la abrase por la cintura esta vez, y clave mis ojos en su mirada, no sabía qué hacer, había una lucha incesante entre el corazón y la mente; la mente decía a gritos -Todo llegara a su final-, y el corazón que susurraba -Hay que darse una nueva oportunidad- la confusión me mataba, no sabía cómo reaccionar y entonces se me escapa un- si... la semana se me hizo muy larga- ni siquiera comprendía porque lo había dicho, sentí que por un momento temblaba sin poder encontrar algún equilibrio, ahora sí, todo recuerdo me golpeaba y ya no es el porqué.

Ya eran las 16:30… Nos comenzamos a besar, era extraño... Con los ojos abiertos veía a mi actual querida... pero al cerrarlos veía a mi anterior amada... Esto se convertía en una tortura simplemente indeseada, ¿cuál era la necesidad?, ¿cuál era la necesidad de mi corazón de jugarme tan mala pasada?, ¿qué era lo que ganaba?, ¿lograr que mis lágrimas me inunden el alma? Fue un segundo interminable... Como un flash pude recordar todo lo vivido con la chica a la que había amado con locura: Aquel día en el que la conocí... esa hermosa tarde que entre risas y bromas comenzamos a hablar; los primeros abrazos y las primeras miradas... los primeros juegos que me inquietaban el habla...
Los primeros besos en el altar de la iglesia, que me encendían el cuerpo desde adentro, pese a que nos escondíamos a la vista de todos... nuestros primeros fuegos sin miedos... la primer cita en aquella estación de Gutiérrez (aún recuerdo la ropa que ella llevaba puesta y su perfume)... las tardes de sábado, en las que a la salida de canto iba a buscarla al puente que une a la carolina 2 con Gutiérrez, para ir de la mano a recostarnos sobre el pasto que se alojaba a un costado del puente de ruta 2... También comencé a recordar, la mañana del 20 de junio en la que me arriesgue a pedirle que sea mi novia, en esa canchita desierta, en la que nos dimos un beso para sellar el comienzo de nuestro noviazgo, que no sólo nos cautivaba a nosotros, sino que también a las miradas ajenas... comencé a recordar las primeras veces que visite su casa... Las miradas y los silencio en complicidad en su comedor...

Recordé aquellos jueves en los que salía apurado del colegio para ir a verla, y poder pasar toda la tarde perdido en mi mundo junto a ella... También volvió a mi mente aquella vez en la que la pasión nos ganó y pude apreciar la belleza de su cuerpo al desnudo... Luego... La vez que le mentí, para darle la sorpresa de que iba a estar en su cumpleaños, del cual todavía me perduran mil y un recuerdos, gracias a que esa noche, dormimos juntos y abrazados sin importar nada más, y yo sólo me dedique a acariciarla hasta que logro conciliar el sueño... Recordé la mañana en la que escape temprano para poder estar con ella más tiempo, esa hermosa mañana en la que la desperté para que me habrá la puerta y poder descansar a su lado, y en la cual nos perdimos en su cama entre besos que nos robaron el tiempo, y vuelve a mí el olor de las hamburguesas sobre la plancha, y también vuelve a mí, las risas que se nos escapaban mientras tratábamos de cocinar...

Regreso a mi mente... las tardes de mates dulces, esos mates excedidos en azúcar como a ella le gustaban, que sin previo aviso, algunas veces nos terminaban llevando a los besos, y los besos a las caricias... Comencé a recordar, la vez que cocinamos juntos, que nos tirábamos con agua mientras hacíamos papas fritas, que nos tentamos en el momento que me queme cocinando las milanesas, que entre tanda y tanda, nos parábamos frente a la estufa y le hacía compañía mientras ella miraba la novela... Lamentable mente, todo el tiempo que pasamos juntos lo recordaba, hasta las veces que la levante en mis brazos, las interminables conversaciones de 10 horas por el chat, los juegos que se ganaban entre abrazos, mordidas y cosquillas...

Todo eso me atacaba, pero era extraño, por ese momento había olvidado el motivo del porque ese cuento hermoso había terminado, aunque trataba no lograba recordarlo, quizás yo mismo había decidido bloquear tan tristes recuerdos, pero que falta me hacían en ese momento, sólo mi mente se encargó de recordarme todo lo bueno, lindo y hermoso de aquel primer amor. Ahora mi corazón quedaba perdido, sin saber cómo interpretar esto… El beso continuaba y las películas mentales todavía me atacaban... una y otra vez las mismas escenas, y yo que no podía interpretar lo que pasaba, no sabía si es que tenía que salir corriendo, a reconquistar a ese sol que supo darme la mejor luz de mi vida, o quedarme, y perderme en el perfume de una nueva flor, todo pensamiento sentía que me ponía entre la espada y la pared.

Ya se dibujaba entre las agujas del reloj las 16:58… Por un momento, sólo por un momento, logre dejar de pensar y dejarme llevar por aquellos dulces besos, pero la gloria no duro demasiado, otra vez, el mismo ataque aprecio, cuando ella beso mi cuello, era algo hermoso de sentir para cualquier persona (o la gran mayoría), pero para mí se transformó en una laguna de emociones turbias y recuerdos dolorosos, nuevamente se disparaban mis sentidos, todo volvió a chocar contra mi mente, sin tener siquiera, una mínima gota de piedad.

Y ahora cómo hacer para escapar de las lágrimas que me comenzaban a ahogar. La tomé por la cintura con mi mano izquierda, mientras que con mi otra mano le acariciaba su largo pelo oscuro; ella se aferraba a mi cuello entrelazando sus brazos por detrás de mí nuca, nuestras respiraciones comenzaban a apurarse producto de excitación, y en mí, producto también de la confusión. Otra escena ya vivida... Casualmente en el mismo lugar y de la misma manera, sólo cambiaban la fecha, el horario y la personas, porque ni siquiera yo era el mismo, quizás sea que ya había dejado de ser el pibe seguro que hacia lo que sentía, ahora no sabía lo que hacía.

Ahora ella me tomaba de la mano y me conducía hasta una silla al costado de una mesa, y se sentó en mi falda frente a frente, cara a cara, mirada contra mirada... Los besos no cesaban, y los dichosos recuerdos tampoco, pero comencé a pensar... Si ya todo terminó, ¿por qué no lo dejo en el pasado ya?, ¿si ahora sólo yo me estoy atormentando? ¡Ya basta!... Para que ponerme mal si Dios me regala un nuevo día para despertar, si en mis caídas hay amigos a los que puedo acudir, si pase peores cosas y no perdí, las cosas cambian y hoy me doy el lujo de volver a sentir.

En ese momento todo cambió de color, pude darme el gusto de sentir un nuevo perfume, disfrutar unas nuevas caricias, sentir el dulce sabor de su boca... De sus besos. Ya se sentía el peso de las 17:43 Ahora era algo hermoso, algo digno de vivenciar, algo que ya no me dolía, pero que me lograba quemar, podía sentir como acariciaba lenta y dudosamente mi rostro y como tímidamente decencia hasta mi pecho; yo la abrazaba firmemente, sin la mínima intención de soltarla. Podía sentir como su respiración se aceleraba, como sus piernas temblaban, como se aferraba con sus brazos a mi cuello. Se podía escuchar la bocina del tren saliendo de la estación, y como un fondo las canciones que se ocupaba de pasar un amigo en otro cuarto, todo había cambiado, ahora todo se basaba en abrazos, caricias y besos, ya no me interesaban los recuerdos, me sentía bien, estaba a gusto.

Entre besos hablábamos y jugábamos, nos reíamos y callábamos, podía sentirme bien acariciando su espalda y besando su cuello, escuchando sus susurros y dejándome llevar por sus besos. Ella sabía cuánto me gustaba su juego al besar lentamente mi cuello, sabia cuanto me provocaba y como me dejaba de sediento. Luego las mismas caricias que me incendiaron nos condujeron hacia la mesa, a perdernos en nuestro propio mundo, a besarnos sin temor alguno, a expresar sentimientos sin siquiera hablarnos. Componíamos nuestra propia canción, una melodía que sólo me regalaba Dios, ya podía comprender el porqué de lo que había pasado, el porqué de tantas dudas, tenía que decidir si estaba dispuesto a dejarme llevar, si estaba dispuesto a olvidar en verdad.

Y así llegaron las 18:30, lleno de lujos y exaltación, los dos nos enamorábamos con las caricias de dicha situación, pero lo que ella no sabía era todo lo que se había planteado en mi interior, que me decidí a entregarme otra vez y de corazón, que voy a buscar hacerla feliz, que lo pasado ya lo había olvidado, que sólo quería quererla a ella sin recordar aquel sol... Y lamentablemente ese hermoso cuento también llego a su triste final... Y esta vez soy yo... El que no permite olvidar... ahora soy yo el que aparece en los recuerdos de alguien inocente...