Lo que ahora lees, no es una simple reflexión, lo que ahora lees no solo son palabras, lo que ahora lees solo es una milésima parte de lo que quiero expresar.
Lo que ahora lees, quizás no sea el mejor poema porque lo que ahora lees es lo que yo estoy sintiendo. Lo que ahora lees es la única forma de poder dejar de reprimir lo que siento y es porque tú lo lees que alguien puede oírme a través de palabra.
Lo que ahora lees te hace la persona más cercana en sentir mi dolor, porque lo que ahora lees son los sentimientos de una persona que nadie puede oír, sentimientos que quedan reprimidos en mi ser, sentimientos que me gustaría que alguien pudiera calmar, sentimientos que necesitan ser cobijados para que no sigan oprimiendo a eso que tú llamas corazón, y que yo llamo mi sensación.
Por lo que ahora leerás es la sensación que en simples palabras quiero describir, es la sensación que hace que me pregunte a estas horas y en esta fría habitación ¿dónde estás? Porque es en este momento cuando más me cuestiono donde está esa persona que me ayudará a creer ¿a creer en qué?
A creer en lo desconocido para mí, a creer que puedo amar, a creer que puedo amar con la seguridad certera de que amarlo no me causaría daño, a creer que él me amara con la misma intensidad con la que yo le amaría, porque es ahora más que nunca que me pregunto ¿Dónde estás?
Sí, es ahora cuando más necesito un abrazo, una mirada, una palabra que tranquilice a este sensible y frágil corazón que poco a poco se quebranta y se inunda, haciendo que cada segundo que pasa sea más asfixiante ¿Dónde estás?
Esa persona que me entregue palabras de aliento y razón, tan solo para hacerme sentir bien, y cómo saberlo, quizás tan solo una sonrisa bastaría para sanar la herida, tan solo una sonrisa bastaría para saber que no estoy sola, pero qué más puedo hacer sino esperar, esperar a esa persona que pueda resguardar estas saladas gotas de agua que ahora recorren mis rostro y se acompañan de un profundo dolor de tristeza y soledad.
Y qué más puedo hacer sino tan solo preguntar ¿Dónde estás? Y qué más puedo hacer si no esperar en esta fría y oscura habitación, con el único consuelo de que algún día llegarás a mí y procurar que cuando ese día llegue, no te suelte y te abrace, abrazarte por todos esos abrazos que a mí me hicieron falta en días como hoy.