Todas las cosas ya están escritas

Una hermosa laguna existía entre dos montañas. Un día, un hombre que vivía en una de ellas y que nunca había bajado, se animó a descender porque en su interior ya empezaba a sentir unas ansias inmensas por conocer esa laguna. Cuando llegó al pie de la montaña, a lo lejos vio a una hermosa mujer.
Al acercarse a ella, con entusiasmo y emoción, le habló:
- ¡Hola! Me llamo Adieum, y no me vas a creer, pero tardé treinta años en bajar de aquella montaña, porque sentía miedo de no poder subirla. Ahora que la veo desde aquí abajo me doy cuenta de que no es tan alta como parece desde arriba.
A lo que ella le contestó:
- ¡Pues mi nombre es Ayeska! Y no me vas a creer, pero llevo treinta años bajando todos los días hasta este lugar, desde aquella otra montaña, porque algo en mi interior me decía que este momento iba a suceder. Mi nombre es Ayeska, y no me vas a creer, pero ya llevo treinta años siendo tu mujer.
Al escuchar éstas palabras, Adieum sintió un intenso y repentino aleteo en su corazón. La tomó entre sus brazos, y la besó como a nadie más en la vida.

Fin.

En la vida y en el amor, todas las cosas ya están escritas.